Miércoles 15 de Julio de 2026

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15 de julio de 2026

Anoche en UCR, asumieron las nuevas autoridades partidarias, Walter Lagos en su discurso dijo: si olvidamos que gobernar es servir, habremos perdido el sentido mismo de la política

Palabras

Hoy recibimos el honor de asumir la administración de este Comité de Distrito con una profunda gratitud y, sobre todo, con la plena conciencia de la responsabilidad que ello implica. Asumimos este compromiso como un mandato colectivo para trabajar, escuchar, construir y fortalecer el partido que representa una de las tradiciones democráticas más importantes de la Argentina.

La Unión Cívica Radical nació para defender principios antes que privilegios; instituciones antes que personalismos; ciudadanos antes que caudillos. Nació para demostrar que la política puede ser una herramienta de transformación cuando está guiada por la ética, por la ley y por el respeto irrestricto a la dignidad de las personas.

Ese legado nos interpela.

Vivimos tiempos en los que la desconfianza parece haberse convertido en el lenguaje habitual entre la sociedad y la política. Muchos argentinos sienten que las instituciones no responden, que el Estado llega tarde o que los dirigentes hablan más de sí mismos que de los problemas de la gente.

No podemos naturalizar esa realidad.

La respuesta no es debilitar las instituciones. Nunca lo fue y nunca lo será.

Cuando las instituciones se degradan, no gana la libertad: gana la arbitrariedad. Cuando la ley deja de ser el límite para el poder, los primeros perjudicados son siempre los ciudadanos. Cuando la política pierde su dimensión ética, pierde también su legitimidad.

Por eso reivindicamos, con la misma convicción que tuvieron quienes fundaron nuestro partido, la República como un sistema de valores antes que una simple organización del poder.

Porque si algo nos enseñaron Alem, Yrigoyen, Illia y Raúl Alfonsín es que la política no encuentra su grandeza en la conquista del poder, sino en la forma en que ese poder se ejerce.

Ese es el legado que recibimos.

Y ese es también el desafío que debemos honrar.

Porque no alcanza con ganar elecciones.

No alcanza con ocupar cargos.

No alcanza con administrar un presupuesto.

Gobernar exige mucho más.

Exige comprender que el Estado no pertenece a los gobiernos de turno. El Estado pertenece a la comunidad. Es la expresión organizada del interés general. Es la herramienta con la que una sociedad protege derechos, garantiza oportunidades y construye un futuro compartido.

Quien llega a una función pública no recibe un privilegio.

Recibe una responsabilidad.

No administra recursos propios.

Administra el esfuerzo de muchos ciudadanos que pagan sus tasas e impuestos con la expectativa legítima de recibir servicios de calidad, instituciones confiables y dirigentes honestos.

Por eso necesitamos una nueva generación de dirigentes y funcionarios.

No más improvisados.

No más dirigentes que entiendan la política únicamente como una competencia electoral.

No más funcionarios que confundan autoridad con poder o gestión con propaganda.

Necesitamos mujeres y hombres preparados.

Con formación.

Con sensibilidad social.

Con capacidad técnica.

Con equilibrio para tomar decisiones difíciles.

Con vocación de diálogo.

Y, sobre todo, con una ética personal que les impida utilizar el Estado para beneficio propio.

Porque la primera obligación de un servidor público es recordar todos los días que administra algo que no le pertenece.

Necesitamos recuperar el orgullo por la función pública.

Que un funcionario vuelva a ser reconocido por su capacidad, por su honestidad y por la calidad de su trabajo.

Que la carrera pública vuelva a premiar el mérito, el estudio, el esfuerzo y el compromiso.

Que nuestros jóvenes vuelvan a creer que vale la pena prepararse para servir a la sociedad desde el Estado.

Porque un Estado moderno no se construye únicamente con tecnología.

Se construye con personas.

Con servidores públicos comprometidos.

Con equipos profesionales.

Con instituciones que trascienden a los gobiernos.

Con reglas claras.

Con planificación.

Con evaluación permanente.

Con transparencia.

Y con una convicción irrenunciable: “cada decisión pública debe mejorar la vida de las personas”.

Desde este Comité debemos asumir también esa responsabilidad.

No queremos ser solamente un espacio de discusión política.

Queremos ser una escuela de dirigentes.

Un ámbito donde se estudie administración pública, derecho, economía, desarrollo local, innovación y políticas públicas.

Donde formar un dirigente sea tan importante como ganar una elección.

Porque las elecciones se ganan cada algunos años……pero las instituciones se construyen todos los días.

Y el radicalismo tiene una responsabilidad histórica en esa tarea.

Nuestro partido nació para moralizar la política.

Para ampliar la ciudadanía.

Para fortalecer la República.

Hoy debe asumir un nuevo desafío: contribuir a formar los mejores dirigentes para el Estado que la Argentina necesita en el siglo XXI.

Un Estado cercano, transparente, austero y eficiente.

Pero también profundamente humano.

Porque detrás de cada política pública hay una familia que espera una respuesta.

Hay un comerciante que necesita reglas claras.

Hay un docente que forma ciudadanos.

Hay un emprendedor que apuesta por el país.

Hay un jubilado que merece respeto.

Hay un joven que no quiere resignarse a que su futuro esté lejos de la Argentina.

Si somos capaces de comprender esa dimensión de la función pública, estaremos honrando nuestra historia.

Porque, al fin y al cabo, la legitimidad de una función pública no la otorga únicamente el voto, ni el cargo, ni la investidura. Se construye cada día con la conducta, con la honestidad y con el servicio.

Si olvidamos que gobernar es servir, habremos perdido el sentido mismo de la política.

Por eso, desde este Comité, convocamos a todos los radicales, especialmente a quienes hoy ejercen responsabilidades de gobierno o aspiran a ejercerlas.

No les pidamos a los ciudadanos solamente su confianza.

Demostrémosles que sabemos merecerla.

Construyamos una dirigencia que vuelva a prestigiar la política.

Una dirigencia que estudie antes de decidir.

Que escuche antes de hablar.

Que administre con responsabilidad.

Que rinda cuentas sin que se lo exijan.

Y que nunca olvide que la verdadera autoridad nace del ejemplo.

Y como nos enseñó el Papa Francisco en su encíclica FratelliTutti: "El servicio siempre mira el rostro del hermano; toca su carne, siente su proximidad y hasta en algunos casos la 'padece'... Nunca el servicio es ideológico, porque no se sirve a ideas, sino que se sirve a personas."

Esa es, quizás, la medida más alta de la función pública: recordar que detrás de cada expediente hay un rostro, detrás de cada decisión hay una familia y detrás de cada política hay una persona que espera ser tratada con dignidad.

Ese debe ser nuestro compromiso.

Ese debe ser el radicalismo que viene.

Y esa debe ser la contribución que hagamos a una Argentina que necesita menos improvisación, menos confrontación y mucha más grandeza institucional.

No venimos a ocupar el Estado; venimos a honrarlo. Porque el Estado no es un botín del vencedor ni un refugio para los amigos del poder. Es la institución mediante la cual una sociedad organiza su destino común. Y quien tiene el honor de administrarlo debe hacerlo con la humildad de quien sabe que está sirviendo a generaciones presentes y futuras."

Con esa convicción, con humildad, con coraje y con una confianza inquebrantable en los valores de la Unión Cívica Radical, asumimos hoy este compromiso.

Invito a cada correligionario, a cada vecino y a cada ciudadano que crea en la libertad, en la República y en la fuerza transformadora de la democracia a caminar juntos esta nueva etapa.

Porque la Argentina no necesita más enfrentamientos estériles.

Necesita instituciones fuertes.

Necesita gobiernos honestos.

Necesita municipios innovadores.

Necesita partidos políticos capaces de formar dirigentes íntegros.

Y necesita ciudadanos que nunca renuncien a la esperanza.

………………..

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